Cuadro

RIGOR Y CREATIVIDAD SOBRE RAMAIN


Cuando un marinero descubre que puede usar la pala de un campesino como remo para tomar una imagen de Sócrates, es creativo.
Si un campesino descubre, un día que su campo ha sido cubierto por el agua, que su vieja pala se puede inventar como remo y que se puede convertir en marinero, se distancia de su característica campesina y se vuelve creativo.

Así, la creatividad puede surgir cuando, dentro de una situación ajena, el sujeto descubre que no es adecuado en relación con su tarea o en relación a sí mismo, e improvisa una adaptación. La inadecuación del sujeto exige la creatividad necesaria para la rehabilitación. Esto se hace en relación con un objeto (en el primer ejemplo) o en relación con el propio sujeto dentro de una tarea (en el segundo ejemplo). Por tanto, la inadaptación y el cambio de escenario son necesarios para la creatividad. Eso es improvisación, es decir transgresión de lo planeado, de lo evidente.
La creatividad es, por tanto, innovación, es decir, la invención y el descubrimiento de una nueva relación con una cosa determinada o con uno mismo. En esta creatividad comienza con el asombro, la ruptura por parte del hombre de secuencias, de asociaciones que tienen para él fuerza de evidencia. La creatividad sería, por tanto, la actividad que suspende lo evidente.

El Método Ramain, desde este punto de vista, ofrece situaciones ajenas y problemáticas en las que su relación con la tarea, consigo mismo, con el grupo y con el facilitador no puede experimentarse de acuerdo con una antigua normativa. El Método Ramain pretende ser una propuesta para una situación crítica, disruptiva y desorganizadora en relación con todas las disposiciones motoras, afectivas o intelectuales del sujeto. En esta situación ajena, se volverá ajeno a sí mismo y, del mismo modo, atento y creativo.
¿Cuál es la característica de tal situación?

Una situación se vuelve crítica cuando el sujeto se coloca frente a una instrucción fuera de él: la pala para el marinero en nuestro primer ejemplo, la inundación para el campesino en nuestro segundo ejemplo. La instrucción, en el Método Ramain, especifica la problemática dada, es decir la tarea inadecuada a la que el sujeto debe adaptarse y según la cual debe inventarse y descubrir una nueva adaptación a sí mismo.

La prohibición de usar la regla y el borrador en ejercicios gráficos es un ejemplo de instrucción que coloca al sujeto en una situación inusual. Para que la instrucción permita una creatividad real, será ajena al sujeto, es decir no buscará corresponder a sus necesidades, sus valores, su afectividad, sus hábitos. Estas manifestaciones de la vitalidad del sujeto no son cuestionadas, pero obstaculizan la posibilidad de atención, de voluntad y, por tanto, de creatividad.
Así la situación de Ramain, caracterizada por sus instrucciones, es provocación, es decir, como indica la etimología de esta palabra, apelación a…, cuestionamiento por una situación extraña.

¿Cómo se llama el sujeto?
Estrictamente hablando, está llamado a exigir.

El rigor comienza con la autoconfianza. En la situación ajena en la que se encuentra, y bajo la microagresión de las instrucciones, el sujeto ve su turbulencia descubierta, descubierta, manifestada. El sujeto se descifra a sí mismo, se aclara y se da cuenta de que presiones involuntarias acechan el ejercicio de su voluntad. Descubre cómo sus decisiones están habitadas por necesidades, sus acciones y esfuerzos por la omnipresencia de emociones y hábitos, sus consentimientos y rechazos por la efervescencia del inconsciente. (cf. P. Ricoeur, El voluntario y el involuntario, París, 1967). La confianza en lo que parecían ser los méritos indiscutibles de decisiones y acciones no puede sobrevivir.

Dentro de los ejercicios límpidos y reglados que se le proponen, el sujeto descubre la confusión y la fermentación que lo anima. Del mismo modo el teatro clásico se había dado el marco estricto de la regla de las tres unidades para manifestar, por el contrario, la pasión de sus héroes, exacerbada ésta dentro de este círculo estrecho.

Esta mirada suspicaz sobre uno mismo permite al sujeto mantenerse alejado de sí mismo, para descubrirse como un extraño en una situación ajena. El sujeto está llamado a dejar de identificarse con su tarea con su patetismo. Durante la ejecución del ejercicio, tiende a afinar, depurar, desatascar su atención y su voluntad. Aprende a tomar una decisión y a no decidirse, a actuar con esfuerzo y no con pasión, a organizarse y no a sufrir. Así, tendrá el chip en la oreja cuando intente justificar lo que quiere y hace por valores que sintió inquebrantable, necesidades confusas o hábitos atávicos.

Además, el rigor de Ramain será no solo el de la autoconfianza sino también el de la restauración de una ética. La importancia de la instrucción en la realización del ejercicio va en dirección a una educación de la autonomía del sujeto frente a su tarea, él mismo y sus compañeros. El sujeto aprende a perseverar en una situación que no ha elegido, dentro de una tarea que puede parecerle artificial, sin motivo, y que no despierta su interés. Fortalecido por el llamado y la promesa que el facilitador le hace a su atención y su voluntad, actuará por simple preocupación por la coherencia con las instrucciones que se le den. Aprendió a comportarse con el gusto por la etiqueta y la conveniencia querida por los estoicos.
Un ejercicio de Ramain se experimentará como un juego, pero entendamos que el juego no es en absoluto facilitación, evanescencia y superfluidad. El juego es una situación ajena (es decir, una ruptura con la vida cotidiana) y, por tanto, creativa. El juego es el lugar donde se realiza el aprendizaje del rigor de la regla y el de la estrategia de atención, decisión y esfuerzo a adoptar al respecto. Y es precisamente en esto que permite la libertad, es decir la liberación de lo que fascina (la atracción), de lo que trastorna (la pasión) y de lo que duerme (hábito).). Tal vez así podamos vivir con serena lucidez la uniformidad, el frenesí y la anquilosis de la vida cotidiana.

Alain HOUZIAUX
París, 1971