Animador

Además de esto, necesitará saber más al respecto.

SOBRE LA ACTITUD DEL TERAPEUTA


“Nuestra elección es ofrecer - propone el animador - al sujeto una tarea banal, gratuita, frente a la cual se siente invitado a vivir un presente de lucha para superar la situación problemática que le genera”.

Considero cierto este pensamiento de S. Ramain y G. Fajardo e intentaré, con mi limitada experiencia en este campo, demostrar cómo es posible vivirlo en la práctica. Este pensamiento concierne a la relación terapeuta-paciente ya que ambos forman parte de una dinámica donde uno propone la tarea y el otro la recibe: de este sistema surge la “situación” que hace viable el proceso terapéutico.

La diversidad de los ejercicios que componen un expediente Ramain facilita -este es uno de los objetivos- romper estereotipos, defensas o ideas preconcebidas. El terapeuta está en todo momento en estado de vigilia, acompañando el camino que la persona está intentando crear. Su posición no es interpretar, ni juzgar, sino reenfocar la instrucción del ejercicio cuidando de llevar a la persona a una situación de investigación para que pueda percibir la diferencia, en este caso entre lo que 'hace y lo que se le preguntó. .

El colapso de las defensas provocado por la situación de la investigación provoca en el individuo reacciones graves que llegan hasta el terapeuta, quien deberá estar preparado para recibirlas. La calma, la firmeza, la disponibilidad, el sentido común, la flexibilidad mental y emocional del terapeuta son factores preponderantes para templar la desintegración de la persona. Su intervención es difícil de soportar y causa angustia; además, cuando aparece el dolor, no importa cómo esté sufriendo la persona, ésta suele permanecer deprimida, callada, desconcertada; o bien querrá atacar al que le causó el dolor (en este caso, el terapeuta).

Estas reacciones son más claramente observables en los niños porque sus emociones afloran con mayor facilidad incluso si también aparecen en los adultos, de forma más velada. Trabajando con un grupo de niños, recuerdo el momento, en un ejercicio de dictado (22a), donde todos los participantes se cruzaron de brazos diciendo que no harían nada, porque era muy doloroso, en una actitud de confrontación conmigo. Lors d'une autre séance, au cours d'un exercice d'activité dirigée (100), au lieu de faire des masques en papier mâché comme c'était proposé, ils ont décidé de se livrer bataille avec la pâte et de la lancer en el techo ; en otra sesión, durante un ejercicio de cuerdas armadas (23), en lugar de seguir los modelos propuestos, hicieron bigotes, barbas, cuernos o bien tiraron las cuerdas por la ventana. Sin múltiples sesiones de ADS, correrían por la habitación y gritarían, tratando de cubrir la instrucción del ejercicio o no escucharla. No voy a agregar a la lista de ejemplos, la cantidad de situaciones como esta son infinitas, en las que nos sentimos perplejos, sin saber qué hacer y si debemos decir algo o callarnos.

Estos momentos fueron extremadamente incómodos para mí y, al comienzo del trabajo de parto, el deseo de convertirme en terapeuta de Ramain había perdido en parte su encanto; No puedo evitar confesar que pensé en retirarme, aunque sentí que junto con este desánimo, también se me ofreció un desafío: una oportunidad para involucrarme. Sin estas oportunidades, volvería a mi formación didáctica y me preguntaría: ¿por qué nuestros formadores no nos enseñan qué hacer en estos momentos? Pronto percibí que era imposible ya que, para lograr este conocimiento, era necesario “vivir la situación”: la de ser un terapeuta de Ramain.

“Es sólo después de un largo trabajo sobre uno mismo, a partir del propio cuerpo y de las reacciones que provocan todas estas situaciones, que poco a poco van desapareciendo hábitos y estereotipos que no permiten la libre expresión ni la espontaneidad. Total”.

Desde el comienzo de mi trabajo en Ramain en 1991, planteé preguntas relacionadas con la actitud del terapeuta hacia el grupo de entrenamiento. Habiendo desarrollado durante unos años un trabajo analítico básico individual, observé al dirigir las sesiones de Ramain que el terapeuta está extremadamente expuesto, ya que no puede recurrir a la interpretación que en cierto modo le delega un poder y que por otro lado moviliza al paciente para una reflexión. A menudo, al final de una animación, me sentía agotado por el movimiento, por la abundancia que percibía en la sesión. Con base en esto tendía a controlar todo, cerrando puertas y ventanas en la habitación, escondiendo todo el material que no formaba parte de la sesión, intentando de alguna manera canalizar la atención de los niños hacia los ejercicios de enunciado.

El terapeuta acostumbrado al trabajo psicoterapéutico individual, actuando con un número limitado de estímulos, se pregunta cómo afrontar todo lo que surge en una sesión de Ramain dada la medida en que ocurre.

Con frecuencia, me he encontrado lidiando con las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo debo comportarme frente al grupo?

  • ¿Qué hacer en tal o cual situación? ¿Cuándo callar y cuándo intervenir?

  • ¿Qué pasa si sugiero una actividad y el participante hace algo que no está relacionado con ella?

  • ¿Cómo ser terapeuta y no educador?

  • ¿Puedo tener dudas, a menudo sentirme inseguro frente al grupo?

  • ¿Qué hacer cuando me sienta alcanzado por el grupo?

  • ¿Qué hay en Ramain que me invade y me escandaliza tanto?

  • Si no puedo interpretar, ¿qué haré con lo que percibo?

  • ¿Qué hacer ante una actitud de rechazo total del grupo frente a una tarea?

¿Cómo puede ser que, en un clima de gran confusión, turbulencia, libertad, que llamo “efervescencia”, pueda surgir un proceso terapéutico?
Quizás el cansancio que mencioné al principio estuvo relacionado con las ansiedades que suscitaban estas preguntas y con la extensión de mis intentos por controlar esta efervescencia. Mi deseo era echar "agua fría en la olla" para continuar el trabajo, mientras el Ramain pide echar "más leña al fuego"; todo es una fuente de provecho en la sesión, desde una conversación paralela, una palabra o algún suceso, ya que la técnica se da dentro de una realidad y, siendo esto así, nada se puede perder ni omitir.

En la vida, alimentados por nuestra educación, tendemos a tener el control; pero el control encoge, cierra y previene la espontaneidad, lo natural; esto va en sentido contrario al camino recomendado por Ramain, que es partidario de abrir, ensanchar, ventilar, dejar libre lo que está encerrado, para dar la posibilidad de nacer a una nueva forma de pensar y actuar.

En septiembre de 1994, luego de tres años de trabajo en esta técnica, sentí un enorme deseo de conocer la sede del Instituto Simonne Ramain en París, para observar más de cerca cómo las sesiones eran conducidas por los terapeutas que trabajan con diferentes poblaciones y tienen el oportunidad de discutir con ellos -para saber si ellos también sufrían las mismas dudas- para poder entender mejor con ellos cómo resolver las cuestiones que tanto me inquietaban.

En este curso pudimos participar en seis grupos de formación diferentes, liderados por Danielle Andréoletti, Marie-Paule Blanchard, Geneviève Bourdon, André Béguet y Michel Besson. Reunir a niños, adolescentes o adultos, tanto en un Instituto Médico-Pedagógico (tipo Hospital de Día) como en un entorno escolar normal, o en forma de grupos abiertos a todo aquel que busque un lugar de evolución.

Todas las sesiones que observamos se desarrollaron en un clima de libertad y naturalidad; la heterogeneidad de los estímulos estuvo siempre presente, nada se excluyó del trabajo que se desarrolló a puertas abiertas incluso con participantes muy perturbados como vimos en el Instituto Médico-Pedagógico y todo el material inherente a la sesión o no, seguía presente.

Esta oportunidad de observar a varios grupos en París planteó algunas preguntas que me sorprendieron bastante. En una sesión moderada por Michel Besson, el grupo estuvo formado por 9 adolescentes, entre 11 y 14 años, muy discapacitados desde el punto de vista emocional. Me llamó la atención el hecho de que los armarios de la sala se dejaron abiertos y el equipo en exhibición, incluidas las balas y otros elementos que podrían interesar al grupo. Me preguntaba sobre este hecho y tenía curiosidad por saber cómo procedería Michel, si uno de los participantes del grupo decidiera hurgar en el armario. ¡Lo interesante es que Michel dejó los armarios abiertos intencionalmente! Il nous a dit que parfois, au milieu d'un exercice les participants vont jusqu'à l'armoire, prennent une balle ou d'autres objets et commencent à jouer quand bien même il leur est « rappelé » qu'ils ont un travail por hacer. Esta ocasión me llevará a pensar, más tarde, que todo esto es análogo a la vida ya que en nuestra experiencia nos encontramos con todo tipo de estímulos que muy a menudo no podemos seleccionar. Cada uno debe elegir lo que va a hacer, estando estas ocasiones a nuestro alrededor sin que podamos caminar por la vida con los ojos vendados.

En cuanto al lenguaje, percibimos cuánto se estudia, trabaja continuamente y cuántos participantes intentaron distender lo dicho por el facilitador realizando el ejercicio de acuerdo a lo que habían escuchado o buscando hacerlo adrede. lo que habían escuchado, o incluso cruzando los brazos o recuperándose totalmente.

Observamos a los participantes que no podían soportar ver lo que habían producido, que estaban enormemente frustrados, intentaron encubrir sus fallas, arrugaron el papel y lo tiraron a la basura, negándose a poner en sus camisas nada que "no lo hiciera". "No les pareció justo". Percibimos que la provocación que sufrió el participante durante el ejercicio no fue agradable; trató de escapar de él o por el contrario tropezó mientras el anfitrión siempre estaba presente y atento a estas manifestaciones. Uno de los participantes en la sesión de Michel dijo: "Solo hago lo que me gusta", pareciendo muy molesto por la tarea. Creo que este es uno de los momentos más difíciles en la relación terapeuta-paciente, ya que en el mismo momento en que el terapeuta respeta el “no quiero” del cliente, lo invita a participar. Germain Fajardo, con quien tuvimos una larga sesión de supervisión, nos dijo: “No quiero que el participante sea quien soy; de la misma manera no seré él, ni estaré en connivencia con él ”. El sentimiento que emerge es que el paciente está constantemente probando los límites de esta relación y los límites de nuestra cordura.

“El inevitable período de oposición para algunos, de aceptación casi ciega para otros, dice Simonne Ramain, dificulta la tarea del facilitador. Como los participantes, no está acostumbrado a ver ni su papel ni su tarea de esta forma, ni a darle al error el sentido que toma en esta investigación. La actitud de calma y serenidad que debe mantener el facilitador para que el grupo no perciba todos los enfrentamientos y desavenencias que pueda estar viviendo dentro de sí mismo; El enfrentamiento consigo mismo, con sus alumnos, incluso con el ejercicio, será incesantemente la tarea que tendrá que asumir porque su papel no es ni ayudar, ni imponer nada, sino hacer vivir y orientar la experiencia, que le obliga a compartirlo, para asumirlo de una manera diferente a la de los participantes, pero fiel, siempre en relación a sus responsabilidades. "

Podemos percibir cuánto ejercicio es el soporte de la relación terapéutica; su valor es precisamente el de ser mediador, de ser lo que une al paciente y al terapeuta. No tiene valor como fin, como producción, como objeto en sí mismo, aunque el participante lo desee muchas veces hasta el punto que, muy a menudo, se angustia cuando no logra "hacerlo bien", o cuando se siente en deuda por su error.

Es el ejercicio, viabilizado por el lenguaje del facilitador (las instrucciones del ejercicio) el que marca el límite; este límite impuesto por el lenguaje es el elemento que intriga al participante, lo perturba, lo hace sentir una situación de malestar. Muy a menudo, la tendencia es modificar o eliminar el idioma en un intento de dejarlo como está, sin problemas. En la complejidad de entender qué hacer se encuentra la situación. "Ya sea que la tarea sea simple o compleja, la situación siempre será compleja en el sentido de que siempre será integral, global, involucrando a todo el sujeto, dando lugar a todas las relaciones que es capaz de crear en ese momento dado e involucrando su responsabilidad ".

Este movimiento interno inducido por la tarea agudiza las respuestas en los participantes que de alguna manera invaden y bombardean al terapeuta. Por su parte, este último se ve expuesto a una gran cantidad de estímulos variados. En el trabajo psicoterapéutico individual desarrollado anteriormente, me veía menos expuesto, quizás tranquilizado por el escenario y por la interpretación, parecía más escondido en una actitud de expectativa, mientras que en el enfoque de Ramain me sentía expuesto a la sensación, participando de la vida de el grupo e invadido en todo momento por lo que ocurre en la sesión. Tuve la sensación de escandalizarme al verme desnudo y bombardeado por lo que emanaba del grupo. Quizás el propósito del "chequeo" realizado en la sesión fue combatir esta exposición así como el miedo a correr riesgos.

“El riesgo parece ser una característica importante de cualquier situación. Este es el riesgo que corre el sujeto que lo vive, ya que éste no puede prever plenamente la forma en que se va a involucrar en él ni tampoco puede ser programado por otro su compromiso ”. Al mismo tiempo que el participante toma el riesgo, se embarca en la búsqueda de la realización de la tarea que tiene entre manos, también recibimos, como terapeutas, respuestas inusuales a las que debemos permanecer abiertos y receptivos. En estas ocasiones, pacientes y terapeutas viven momentos de lucha e incertidumbre consigo mismos; esto provoca sufrimiento, a través de este cuestionamiento: “¿cómo voy a salir ahora de esta situación? "

Ramain es una técnica que exige mucho del terapeuta: atención constante y redoblada, compromiso total con la situación, flexibilidad mental, apertura, maleabilidad y firmeza. Ésta puede ser la causa del agotamiento del que hablé anteriormente, ya que creo que no es posible permanecer insensible mientras se facilita una sesión de Ramain. Hago un llamado a los que dicen no sentir nada, porque la situación, cuando es fuente de sufrimiento para el paciente, también lo es para el terapeuta. Pasar por la situación intacto, sin responder, es imposible. El dolor --o malestar-- que el paciente y el terapeuta sienten en la sesión me parece el dolor que forma parte del proceso terapéutico, el dolor del nacimiento, de la nueva forma de pensar y actuar, ya que el terapeuta es globalmente sometido a tratamiento al mismo tiempo que procesa. La flexibilidad y maleabilidad mental del terapeuta permiten la espontaneidad del paciente facilitando la dinámica del proceso.

"En la investigación en la que está comprometido con los participantes", dijo Simonne Ramain, el facilitador durante mucho tiempo corre el riesgo de estar tan angustiado como ellos, o incluso más, porque, sin saber exactamente a dónde se dirige, le resulta difícil. para guiar al grupo. Ignora las cuestiones que plantearán los ejercicios cuando vayan más allá del marco del resultado material obtenido. Ya no tiene una técnica a la que aferrarse para afirmar su conocimiento, su autoridad. ¿Cómo sobrevivirán a los choques, a los desafíos que deben afrontar constantemente después de ser la persona que sabe lo que enseña y quien lo impone? Verse a sí mismo quizás convirtiéndose en el ser a tientas en situaciones, como lo hacen sus estudiantes, es difícil de aceptar; sin embargo, a medida que van descubriendo las causas de su malestar, el facilitador se da cuenta de que hasta entonces, para consolidar su autoridad, puede haber sustituido su conocimiento por la verdadera afirmación que está haciendo en él como persona. "

Otro punto de extrema importancia observado en el curso está en el nivel de los límites entre apertura, firmeza y prohibido. Hemos podido observar la apertura no en el sentido de "dejar que el barco se vaya a la deriva", sino en el de amplitud; "firmeza" en el sentido de poner límites y no en el de prevenir. Estos puntos son muy difíciles y delicados de establecer. He utilizado la expresión "barco a la deriva" con el significado de desorden, en el que el terapeuta no tiene conocimiento de lo que está sucediendo (se omite). Abrir en una sesión de Ramain es muy diferente a esto. Se da precisamente para que la persona se manifieste de la manera que pueda; Pero ella no está sola; el terapeuta está presente y atento a estas manifestaciones, ayudando a la persona a seguir el camino que ha elegido para su investigación.

Un gran riesgo que corre la metodología de Simonne Ramain es que la practique alguien que no haya desarrollado las habilidades anteriores, pues esta técnica tan rica lamentablemente podría ser trabajada solo como técnica psicomotora o simplemente cognitiva y el proceso terapéutico no se daría.

Esta pasantía fue de gran utilidad para nosotros, porque pudimos experimentar Ramain en varios tipos de archivos de Ejercicios, con diferentes poblaciones, de diferentes edades, utilizados en oficinas, en hospitales de día, en escuelas, desde personas normales hasta personas con graves alteraciones neurológicas, psicomotoras y emocionales. Uno de los puntos a destacar se refiere a la actitud terapéutica; sin embargo, todos los terapeutas que lideraron las sesiones durante esta pasantía, parecían haber desarrollado las habilidades esenciales para el trabajo, liderando las sesiones en un clima natural y espontáneo, buscando incluir todo lo sucedido, sea lo que sea, apoyando a los participantes en la investigación. , firme a veces, flexible en otras, a veces poniendo límites, a veces dando apertura, y sobre todo acompañando, con total compromiso, el camino que todos intentaban crear, permitiendo la libre expresión. Aún podíamos percibir claramente cuánto permanecieron expuestos los terapeutas dentro del grupo, “sufriendo” el proceso terapéutico junto con los miembros de su grupo.

Las cuestiones planteadas durante esta pasantía se han aclarado y este entendimiento me permite hoy una posición más natural, más espontánea, disfrutando y trabajando mucho más lo que surge en las sesiones. Siento que el control que ejercía anteriormente ha desaparecido, dando paso a una actitud flexible que promueve una mejor dinámica de la sesión, facilitando y desarrollando el proceso terapéutico.

Me gustaría agradecer a los terapeutas que animaron las sesiones ya toda la gente del Instituto Simonne Ramain que tan bien me recibieron y me dieron la oportunidad de realizar esta pasantía.

Jadette CALISTO DA SILVA